viernes, 6 de febrero de 2009

Cariño Impuesto

Desde la impotencia llena de ira... de ahi nació cariño impuesto... Lo he seleccionado para las jornadas de jovenes rapsodas de Málaga... y a la gente, le encanta, y a mi me encanta tambien.

Las incomprensiones de aquellas mentes
recortadas por las navajas del machismo,
de la intolerancia,
de la costumbre.

La sin razón de no poder haber elegido
el sitio del primer llanto,
los primeros gateos,
los primeros pasos,
los primeros juegos
y el primer lavado de cerebro.

El aparentar,
el no ser quien soy,
el tener que hacerme la boca
gachas de ginebra y wisky,
el tener que balbucear para
hacerme escuchar
y tener que comprender
porque no ven más allá.

El no saber conjuntarse,
triste niña que con diecisiete
empezó a ser mujer por su dictadura.

Unos dientes podridos,
de comer caramelos blancos amargos,
un niño que hombre se hizo
a la fuerza de palos.

Un hígado etílico
cargado vomitonas de hombría
que terminan cuando hay que dar la cara,
la violencia entre los dientes
y tres golpes en la mesa
para que esté la comida puesta.

El no poder decir lo que sientes,
lo que piensas,
lo que eres...
y dejar de respirar
nada más entrar por la puerta.


El dejar sangrar las cicatrices,
recordarte tiempos pasados,
una y otra vez,
una y otra vez,
ahogados pero revividos
en cuanto se les nombran,
y el escupir en el plato,
y el dejar las colillas en el vaso,
y el dormir en el sofá
para que se te claven astillas
y te jodan los riñones.


Y el encernder la chispa
para que todo arda,
y el toparte con puñales
maquillados de palabras,
y el contar los segundos
para mi regreso,
y el cuchicheo,
y las miradas atravesadas,
y el grito sin sentido,
y el sueño que no se concilia.

Y facturas,
facturas sin pagar porque
siempre hay que echar algo al carro,
aunque no sirva,
y las quejas sin solución
por falta de querer buscarlas,
por tener una sadomasoquista comodidad.

Y las críticas,
y el ir y venir de gente
que deja la mierda en la puerta
y acaban hasta con el pan duro,
y el señalarte con el dedo
porque estás fuera de la olla,
y sentir que eres estorbo
porque no encajas en ese puzzle
de tres piezas,
y tener que taparte los oídos
y serte inevitable leer los labios,
y, en fin,esto es
estar enjaulado en una
cárcel de cariño impuesto.

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